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Perseguido por fantasmas by Esteban Peña

Como sabéis más de uno somos apasionados del rockandroll, y Bruce está en nuestro listado de artistas que admiramos. Con la salida del nuevo disco nuestro amigo Esteban que consideramos parte de la familia, ha decidido redactar este artículo en réplica de uno aparecido en Point Blank . Y la verdad es que no esta mal parar un momento y leerlo

 

 

Perseguido por fantasmas

(En réplica al artículo publicado por Héctor G. Barnés en pointblankmag.com)

Bruce Joseph Frederick Springsteen, solo un ser humano nacido en un pequeño pueblo de los Estados Unidos de América hace 71 años. Desde luego se puede asegurar, sin miedo a equivocarse, que no estaba ni en el lugar adecuado, ni en el momento adecuado, para que nada bueno en general le sucediera.
Una persona cuyo único trabajo en su vida, ha sido y sigue siendo el de componer canciones, mayoritariamente de rock and roll, e interpretarlas en directo delante de un público, un público que por las causas que sean, no ha dejado de crecer en las últimas cuatro décadas, en cantidad, aunque discutible si también en calidad. Definir lo que sería un público de calidad ya es un debate sobradamente engorroso y abstracto, aunque apetecible, del que yo al menos no cometeré el error de participar en él nunca, a pesar de tener cada uno su propia opinión al respecto, pero un público en cualquier caso, con el que adquirió hace ya mucho tiempo un compromiso del que nunca ha intentado exonerarse, por muchas oportunidades que la vida le haya brindado para ello.
Hasta aquí todo normal, si no fuera porque en el desarrollo de ese trabajo, y en el cumplimento de ese compromiso durante 4 décadas, Bruce Springsteen, de una manera más o menos natural e innata, ha sido capaz de nutrir a millones de seres humanos de esperanza y de dotar de trascendencia sus vidas, como pocos líderes mundiales hayan alcanzado hacerlo en la reciente historia de la humanidad. ¿Y como lo ha hecho? Pues él sabrá. No tengo la respuesta. Desgraciadamente esa receta no se vende en farmacias, ojalá así fuera sobretodo en estos tiempos tan convulsos y sobrecogedores que corren
Y eso es precisamente y paradójicamente su peor pecado. Así de complejos somos los seres humanos. La misma especie que crucificó al hombre que dicen que curaba enfermos y obraba milagros hace 2000 años, ¿porqué? Pues nosotros sabremos. Tampoco tengo la respuesta.
Pero volvamos a lo terrenal. Un nuevo trabajo de Springsteen llamado “Letter to You / Una carta para ti”, presentado al público en plena pandemia mundial y a quien cuando es preguntado en primera instancia sobre a quién va dirigida dicha carta, contesta simplemente que a ti, ese “you” inglés con el que tan bien se retoza Bruce y que deja abierto a interpretación de cada uno, si sería mejor un ti o un vosotros/as.
Sería ingenuo y necio pensar que nada a estas alturas es fruto del azar, y menos el título de un trabajo de un artista con semejante repercusión mundial. Por lo tanto, nos está diciendo claramente que nos quiere contar algo, con lo cual, un servidor al menos por los servicios prestados durante décadas, ha puesto todos sus sentidos en oír y escuchar ese algo que nos quiere contar, en forma de un nuevo disco de 12 canciones.
Pero antes de empezar a escuchar y desgranar esas canciones, no está de más para poder entender mejor esa carta, saber de qué nos quiere hablar, y resulta entonces que “wow” Bruce Springsteen, ese ser humano cuyo trabajo plasmado en decenas de discos y en miles de directos y que lleva décadas tocándonos la fibra, nos dice abiertamente sin tapujos que nos quiere hablar de todo aquello que su corazón reconoce como verdadero y nos lo quiere enviar a nosotros, y que para ello cavó en lo más profundo de su alma. De entrada, muy interesante, es indiscutible. Algo que por otro lado, no es de extrañar, tras verle hace apenas dos años viajar de un modo abiertamente intencionado a lo más profundo de su ser y sus raíces, con la publicación de su biografía y su posterior presentación en formato acústico en Broadway, del modo que lo hizo.
Ante tal órdago, merece la pena al menos hacer el esfuerzo de escucharlo , no como un disco más de canciones sueltas, sino como un todo, como una carta donde esperamos un principio, un desenlace y un final o despedida, algo que si se ha echado en falta en otros tantos trabajos del propio Springsteen. Es tan fácil como eso, nos ha enviado una carta, leámosla.
Podríamos decir, que en general, las canciones de cualquier artista se componen de tres ingredientes básicos que las conforman, que son la inspiración, el talento y el trabajo, y soy de la opinión que el rock and roll, dejó de cumplir su función revolucionaria en la sociedad cuando talento y trabajo se asociaron para dejar de lado y excluido al socio fundador de todo esto, que era la inspiración, o la fuente de toda santidad como se diría en otros ámbitos. Y creo que esta es la tecla con la que Bruce Springsteen ha roto el molde en Letter to You, devolviendo a la inspiración al lugar central que nunca debió abandonar ni en su carrera ni en la industria del rock and roll, entendiendo por inspiración, precisamente todo aquello que el corazón de un hombre, o una mujer, reconoce como verdadero, tangible y real y que provoca que un artista, sea o no el protagonista en primera persona de todo ello, sienta la necesidad de plasmarlo en su obra.
Y es aquí, donde de nuevo se cruza en su camino la “E” Street Band. ¿Casualidad? ¿Postureo? No, sencillamente algo tan simple y honesto como el reconocimiento a una serie de personas que le han acompañado durante la mayor parte del viaje y le han encumbrado a sus mayores cimas, y a los que siente la necesidad de homenajear como una parte esencial de su vida, y como nunca antes había hecho, más allá del frío amago del Blood Brothers en aquel lejano 1995. Muy probablemente en ese momento experimentó ese intento como vacío y carente de sentido y decidió dar marcha atrás, pero no ahora, con la perspectiva de un hombre de 71 años y con cinco giras mundiales más junto a ellos a sus espaldas en las últimas dos décadas, y sobre todo con la infausta desaparición de dos de sus miembros, entre ellos el mas sideral de todos CC.
De nuevo un gesto que aporta, como poco, coherencia y honestidad a este trabajo. ¿Alguien entendería que Bruce nos contara en un disco de rock and roll lo que su corazón reconoce como verdadero sin estar acompañado de sus viejos camaradas, estando la mayoría de ellos disponibles? Es decir, no se trata sólo de homenajear a sus camaradas, sino que los necesita a su lado para que la historia que quiere contarnos sea del todo cierta, honesta y sobretodo porque no se pueden tratar ciertos temas como la mortalidad, y en concreto la pérdida de seres queridos desde la frivolidad. Bruce Springsteen será muchas cosas, pero no es un ser frívolo. Clarence y Danny no eran solo amigos, camaradas y hermanos de Bruce, también lo eran del resto de miembros de la banda. Y en esta carta, el amor y el respeto por los camaradas perdidos en el camino es uno de los ejes centrales, al margen del homenaje a los ya desaparecidos miembros de su primera banda The Castiles.
No deja de ser curioso, que desde hace ya tres décadas, cuando Bruce empezó a sentir la necesidad de soltar cierto lastre, y reinventarse como artista e iniciara andaduras profesionales en solitario o al margen de sus viejos camaradas, uno de los argumentos más recurrentes y cínicos a la hora de criticar o infravalorar a Bruce Springsteen, o mejor dicho a sus trabajos, sobre todo aquellos lanzados en solitario, ha sido paradójicamente, el de ensalzar las virtudes de la “E” Street Band como incluso una de las mejores bandas de rock de todos los tiempos, o incluso las más virtuosa banda de rock que jamás haya existido, ( con la cantidad de bandas de rock que han existido!! , e incluso si así fuere sería más correcto y exacto catalogarla como tal, pero añadiendo la necesaria coletilla, de siempre bajo el mando de un tal Bruce Springsteen, o arropando las canciones de un tal Bruce Springsteen) o a Little Steven como ese gran productor que produjo The River, como si Little Steven no hubiera producido otras muchas decenas de discos cuyas calidades ahí están para juzgar, y valorar o como si los tan virtuosos miembros de la E Street Band no hubieran tenido otros proyectos en solitario cuyos resultados ahí están para juzgar y analizar.
Pero a su vez, cuando ha reunido a dicha banda de nuevo, también se le ha criticado por falto de combustible, por ser ello un gesto de simple refugio de nostalgia o por ser incluso auto referencial en el ámbito musical, cuando por primera vez en su historia, han tocado los temas en directo en un estudio para grabarlos en una o dos tomas, o cuando al fin, podemos disfrutar en un disco suyo de dos solos de guitarra electrizantes al más puro estilo Neil Young, como aquellos con los que nos solía obsequiar en directo.
Y es que a veces Bruce Springsteen, da la sensación de ser preso de un bucle sin fin del que jamás le dejarán salir, rizando el rizo, y llegando para ello si es preciso al sumun del surrealismo. Qué ejercicio tan absolutamente paradójico y enrevesado de crítica sobre el trabajo de una persona que únicamente escribe canciones. ¿De verdad da para tanto?
En mi opinión resulta todo mucho más sencillo que lo que algunos pretenden. Y es que con Bruce el único truco es que no hay truco.
Algo, que nada tiene que ver con la complacencia al deseo de miles de fans nostálgicos que durante años supuestamente reclamaban el retorno a los himnos de puño en alto entre cervezas, ni la auto referencialidad como último recurso ante la incapacidad de reinventarse de nuevo a sí mismo.
Lo que ha sucedido es simplemente que las cosas caen por su propio peso, y que llegado a cierto punto de su vida, Bruce Springsteen, perseguido por todos sus fantasmas vivos y muertos , angustiado por la pérdida de seres queridos, como a todos nos sucede y viendo que el momento de partir se acerca, tal vez mas rápido, feroz y despiadado de lo que seguramente todos podamos esperar cuando nos llegue, pero a la vez sintiéndose vigoroso en su vejez junto a su ya también vetusto primo de Zumosol llamado “E” Street Band, decide entrar al estudio para enviarnos una carta, las mas autobiográfica que jamás nos ha enviado , tal vez la única, y lo hace sin hablarnos de ganadores ni perdedores, ni de clases obrera ni de sueños y esperanza, sino de algo tan implacable, despiadado y la vez innegable como la vida misma, de que al final todos nos iremos de este mundo, de que muchos de los suyos ya se están de camino y es por ello que quiere intentar con 71 años enchufar de nuevo las guitarras al máximo volumen, para hacer un nuevo intento ( siempre sospechoso de ser el concluyente a estas alturas de la película ) de volver a derribar el edificio con mega trallazos como Ghosts o Burning train, o con esa ensoñación onírica de ese lugar donde todos los que son como ellos se reúnen y se refugian en esa casa de las Thousand guitars, o ese alusivo y emotivo intento de reencontrarse a sus fantasmas eternamente en sus sueños para cerrar y rubricar esta carta con I,ll see you in my dreams, admitiendo de ese modo, que eso es precisamente lo que su corazón reconoce como la verdad, acerca de lo único que ha sabido hacer en su vida y junto a quien lo ha sabido hacer. Y en ese intento de demolición, acontece el gran acierto, a mi modo de entender, de escoger tres de los mejores temas de hace 50 años, cuando el propio Bruce carente de fama alguna, aún escribía como Dylan (forma de narrar que él mismo adora pero voluntariamente abandonó, lo que le permitió alcanzar entre otros, éxitos como Darkenss o The River, ya que en Born to Run, tal vez su mejor álbum, aún no había conseguido desvanecer por completo dicha retórica narrativa).
Nunca debería entenderse como un error el invocar a tus orígenes, cuando quieres dar diafanidad a toda una trayectoria, y por Dios, mucho menos cuando es para sacar a la luz estas tres auténticas joyas y aderezarlas hasta que ya no puedan brillar más, como se han encargado de hacer en apenas día y medio, Bruce, La banda y Aniello. Me parece simple y llanamente un ejercicio prodigioso y portentoso lo que han conseguido hacer con estos tres temas ¿Cuánta gente de la que acude a un concierto de Bruce habitualmente conocía uno, dos o los tres temas? Tal vez entre un 1% y un 3 %? Es por ello, que adquiere todo el sentido, el hecho de que Bruce, dentro de esta carta que nos envía, donde existe un evocador intento de saludar con nostalgia, amor y respeto al pasado y abrazar con esperanza al futuro, rescate estos tres “nuevos viejos” temas, para darle precisamente a ese pasado, el lugar que merece en esta trayectoria de 50 años, que intenta desentrañarnos, sin ocultar la angustia que le produce sentir el final tan cerca. Es como si esos temas hubieran estado esperando 50 años a encontrar esta voz madura, temerosa y afligida ante la muerte pero vigorosa y potente como la de Bruce.
En cambio, si me parecen errores de interpretación ciertamente graves, oportunistas e incluso intencionados, o como poco, carentes de profundidad flagrante, por ejemplo, entre otros, la esquizofrénica tentativa de proclamar al bueno de Gary Tallent ( indispensable sin duda ) como el gran héroe de esta obra maestra o también por citar algún otro ejemplo, el catalogar como torpe intento de evocar el aliento épico de un himno del pasado como Jungleland, al tema central del disco, House of a thousands guitars, por el mero hecho de revisitar una frase hecha, que sólo intenta condensar en ella el concepto de una gran cantidad de gente heterogénea (desde las cárceles hasta las iglesias) en un lugar determinado, pero en unas historias y contextos que absolutamente nada tienen que ver. De hecho esa canción es la que realmente debemos entender si queremos saber o acercarnos a discernir en que punto de madurez se encuentra Bruce Springsteen en este momento de su vida, si es que eso tiene interés alguno, para mi si lo debería tener, y mucho, si pretendo realizar una crítica de su obra, sin que ello implique que la canción me guste más o menos, que de hecho me gusta más bien poco en lo musical, como la propia Rainmaker, que si tiene evidentes conexiones musicales y liricas con alguno de los más contemporáneos trabajos de Bruce y tal vez se pueda considerar la pieza remanente, residual o superflua de esta obra.
Errores de interpretación de este tipo no son para nada insólitos u originales, y menos cuando hay tanto contenido emocional y humano en dichas obras. Como olvidar la eterna y falaz interpretación de Born in the USA fuera de las fronteras norteamericanas, que aún 35 años después se sigue dando en todo el mundo, eso sí, en la actualidad meramente de un modo intencionado porque la evidente barrera lingüística de los 80 ya no se da en estos tiempos.
Cierto es que Bruce Springsteen & The “E” Street Band es a día de hoy, lo que es, una maquinaria perfectamente engrasada y programada para hacer shows de rockandroll de larga duración, y para grandes multitudes, es decir para hacer dinero, y eso para muchos de nosotros no deja de ser una gran lástima porque implica ineludiblemente una pérdida porcentual nada desdeñable del concepto de esencia o entidad springstiniana, pero es precisamente por ello, de nuevo, que esta obra devuelve en cierto modo la esperanza de que el rock and roll sin artificios, donde la inspiración basada en el valor de la vida humana cuando percibes su final acercarse, el talento innato indiscutible de un grupo de personas nacidas para trabajar juntas , y el trabajo en equipo en algo en lo que todos creen y con lo que disfrutan, aún son capaces de confluir en su justa medida, y aún tiene cabida en estos tiempos. Una obra que supone ese cambio de rumbo tan inesperado como ansiado, y que nos lleva de nuevo al renacer, ahora sí, de la fragancia más pura de Bruce Springsteen, tanto en sus nuevos temas como en las joyas redimidas alcanzado un perfecto equilibrio global.
La “E” Street Band siempre funcionó y lo seguirá haciendo, mientras Bruce se tenga en pié, como un grupo humano de músicos más o menos talentosos, totalmente jerarquizado bajo la tutela y el mando único de Bruce, una jerarquía aceptada, entendida, respetada y absoluta desde hace 50 años, que ha funcionado siempre a las mil maravillas y ha sabido llegar entera sin mayores resquicios o fisuras ( mientras la muerte no lo ha impedido ) al final del trayecto ( cuesta creer que a estas alturas puedan surgir problemas personales que impidan nuevas colaboraciones futuras si su líder así lo decide ) porque el resto de miembros han sabido entender que su misión era la de estar cuando se les requería y para lo que se les requería, y la de respetar la libertad de su líder cuando emprendía caminos en solitario, o incluso con otros músicos. A partir de aquí y como han repetido en innumerables ocasiones el mismo Springsteen y el resto de miembros, dicha unión de personas en su conjunto siempre ha sumado más que la suma de todos ellos individualmente, incluido el propio Bruce, porque negarlo. A las pruebas me remito.
Y sin todo este ejercicio previo, es, cuando a mi modo de entender, se comente el error de banalizar el origen de este trabajo y en consecuencia malinterpretar su resultado final catalogándolo de vaguedad lírica, (nunca nos habló de algo tan humano y profundo y a la vez repito tan autobiográfico), complacencia y auto referencialidad. Nada más lejos de la realidad, y es que hay temas como la muerte y la pérdida de seres queridos que si los quieres afrontar sólo puedes hacerlo de una manera, para que resulte en algo digno, y es de un modo claro, sencillo y puro, pero a la vez honesto y coherente, y sin excesivas retóricas líricas como las que se encarga de recordarnos precisamente en este trabajo que era capaz de hacer hace 50 años.
Con todo ello, y sabiendo que el resto de ingredientes estaban en manos de la producción de Ron Aniello , de la tecnología y de la ejecución musical por parte de los miembros de la E Street band, que con una sola mirada saben de sobra cual es el acorde que toca hacer sonar, se cumplía el presagio, como si de una ciencia exacta se tratara, de que el talento no iba a ser ningún problema para que el resultado final de esta obra, acabara ensalzándola a categoría de obra maestra, casi a la altura de los Born To Run, Darkness o The River y muy por encima del resto de obras publicadas por Bruce.
Para todos aquellos que desacertadamente enarbolan la bandera del Rock and Roll para atizar, no el pedigrí musical, siempre criticable, solo faltaría, sino la falta de gasolina que evidentemente un ser humano de 71 años tiene que tener, por algo que es tan obvio y célebre y afamado como es la ley de vida, tal vez un ejercicio de perspectiva histórica les haría reflexionar y entender que con Bruce Springsteen, ese ejercicio recurrente y ciertamente ya cansino de intentar situarse intelectualmente por encima de sus fans tratándolos de seres cegados y abducidos por un Dios todopoderoso, a quien llaman El JEFE, quien además haga lo que haga, para ellos será legendario, simplemente ya no cuela, ya que si Bruce ha enseñado algo a sus seguidores es a madurar con él, mostrándoles él mismo, de la forma más honesta y humana posible, todas sus limitaciones, y desarmando el mismo, toda su mitología legendaria de súper estrella, con su simple y llana actitud ante la vida.
Y es que esos fantasmas con los que Bruce convive, y esos otros miedos , angustias y ansiedades, que lo reducen a simple mortal, como a todos nosotros, y entre los que lleva décadas evidenciando sus dificultades para mantenerse vivo, en el más amplio sentido de la palabra vivo, como a cualquiera de nosotros en su situación nos sucedería, no han conseguido aún ( y nos lo deja muy claro al grito de i,m alive en Ghosts ) triturarlo como a otras grandes leyendas de nuestro amado o denostado rock and roll, que mas da ya, que no supieron encontrar ese milagroso equilibrio entre fantasmas que Bruce y los E Streeters si han encontrado , y cuyas consecuencias fueron no menores. Sino que le pregunten a quienes siguen esperando en su buzón cada día las cartas de Elvis Presley, Kurt Cobain, Freddy Mercury, Jim Morrison, John Lennon, Amy Winehouse, y muchos otros, que acabaron siendo crucificados de nuevo por las fuerzas del mal , tal y como aquel ser supra humano que hace 2000 años hacía milagros.
Desde hace 20 años Bruce viene cerrando sus conciertos incluso los acústicos, con la que venía siendo sin lugar a dudas su mejor canción en décadas LOHAD anunciándonos que la fe sería recompensada en este tren y es que a mí personalmente con esta carta me ha recompensado con creces.

Esteban Peña

 

 

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